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Conectar con el cuerpo: una vía para el bienestar

Existe dentro de nosotros la tendencia a criticar nuestro cuerpo, ya sea por nuestra postura, la forma de moverse, de gesticular, de sentir la poca comodidad, el dolor, etc. Esto ocurre, debido a que culturalmente existen concepciones sobre qué es un cuerpo bueno y uno malo. Debido a que crecimos escuchando cosas como “tu espalda está chueca”o “estas muy pasado de peso”, terminamos por interiorizar estas críticas y nos las repetimos constantemente (de forma más o menos consciente). Sentimos culpa por no cumplir con un cuerpo “sano” o estéticamente bello.

Esta manera de relacionarnos con nuestro cuerpo (y con nosotros mismos) de forma crítica y desde el juicio puede tener efectos sumamente negativos en nuestra autoestima y estado de ánimo. En diversas investigaciones se ha encontrado una estrecha relación entre autoestima e insatisfacción con el propio cuerpo, en donde se da una relación bi-direccional; una baja autoestima predice preocupación por la imagen corporal y de la misma forma, una baja autoestima es una consecuencia de la insatisfacción con el propio cuerpo. Si consideramos que la baja autoestima es un factor de riesgo en diversos problemas psicológicos como depresión, algunos trastornos de ansiedad y desórdenes alimenticios, esto puede tener importantes implicancias; el cultivo de una relación más saludable con el propio cuerpo puede impactar en diversas aristas del bienestar de una persona.

La verdad, es que cualquier postura y cuerpo está bien. Lo importante es cambiar nuestra manera de ver nuestro cuerpo. Dejar de evaluarlo, para comenzar a crecer con él, trabajar y vivir plenamente, consciente de que toda característica corporal puede ser una señal para trabajar alguna emoción presente. Pero dentro de una sociedad que nos llama constantemente a enjuiciar nuestros cuerpos y nos orienta a la búsqueda de la perfección ¿qué alternativa tenemos?

Una manera de comenzar a trabajar con nuestro cuerpo es desde la autocompasión, este es un concepto proveniente de la filosofía oriental que recientemente ha sido tomado en cuenta por el pensamiento occidental. La autocompasión es la capacidad de establecer una relación gentil y cálida con uno mismo, tratandonos como tratariamos a un amigo muy querido. Implica apertura al propio sufrimiento, no evitarlo o desconectarse de él, generando el deseo de aliviar ese dolor y de curarse a sí mismo con bondad, ofreciendo comprensión en lugar de juicio.

La autocompasión también está relacionada con una imagen corporal más saludable, incluyendo una menor insatisfacción corporal, vergüenza corporal y vigilancia corporal, así como una mayor apreciación del cuerpo y flexibilidad de la imagen corporal (es decir, la capacidad de aceptar pensamientos y sentimientos negativos relacionados con el cuerpo mientras se mantienen comprometidos con las actividades que realmente son significativas y gratificantes.

Cuerpo, mente y emoción: no hay diferenciación.

La manera clásica de vernos para estudiar nuestra conducta es afirmando que existe una relación entre la mente, el cuerpo y las emociones. ¿Y si te decimos que esto no es así?.

No existe el cuerpo de alguien sin su mente, ni mente sin un cuerpo, como tampoco una emoción sin estos dos. Para entenderlas podemos separarlas, pero en realidad se trata de una sola cosa.

El modo en que se entrelazan para funcionar es como un sistema complejo que no puede reducirse en tres. Para ejemplificar, cuando surge un pensamiento asociado a una situación estresante, al unísono se activa una respuesta emotiva del estrés y a nivel corporal el sistema nervioso contrae los músculos y vasos sanguíneos, produciendo una respuesta fisiológica de alerta. Con este simple ejemplo vemos cómo no pueden existir los unos sin los otros; todos son uno sólo (García y Saal, 2015).

Una vez que entendemos lo anterior, entonces es más fácil darse cuenta que la postura y los movimientos corporales están relacionados con nuestra historia personal (Reich, 2005). Todo el mundo tiene una postura y manera de desenvolverse; la manera en que nos relacionamos con los demás, nuestra mirada, incluso la posición al sentarse o caminar. Cada detalle corporal puede ser un traductor de conflictos personales, problemas de la infancia, miedos, angustias, deseos, etc. El cuerpo se contrae formando bloqueos afectivos en los lugares del cuerpo que manifiestan nuestras emociones y pensamientos.

Las emociones básicas serían la alegría, tristeza, rabia y miedo. Y cada una tienen una respuesta física determinada, que podemos ilustrar así (Céspedes, 2008):

  • Alegría: Va hacia arriba, el cuerpo se levanta y expande. La sonrisa va hacia arriba y miramos de frente.
  • Tristeza: Va hacia abajo. La postura y la cara se caen.
  • Agresividad: Va hacia adelante, hacia la acción.
  • Miedo: Va hacia atrás. Nos contraemos para ocultarnos y protegernos.

Nuestro cuerpo tomará una forma de acuerdo a nuestras emociones en la vida, combinando las diferentes maneras de bloqueos y aperturas afectivas en diferentes lugares del cuerpo. Por ejemplo, la espalda puede curvarse y contraerse ante la constante sensación de pequeñez, como también puede ser extremadamente recta cuando hay deseos de sentirse superior a otros.

¿Qué podemos hacer? Importancia del trabajo con el cuerpo.

Existe un sin fin de bloqueos afectivos en el cuerpo, puesto que las maneras de vivir varían de persona en persona. Además solemos estar desconectados de nuestro cuerpo y por tanto del momento presente, enfocar nuestra atención en el cuerpo es una excelente forma de descubrir lo que ocurre en el momento, ya que nuestro cuerpo vive en el presente

Por ello, queremos mostrarte cómo empezar a conectar con tu cuerpo y emoción para trabajar en tu vida cotidiana con ello:

Práctica de los puntos de contacto.

El estar conectados con nuestro cuerpo no es algo que simplemente se logra y a lo cual le podamos dar “check”, es un camino o una dirección en la cual siempre podemos estar avanzando. Es por ello que queremos entregarte esta breve práctica para que puedas comenzar a cultivar una relación más consciente con tu cuerpo, la puedes practicar 2-3 veces por semana o incluso todos los días, es importante que encuentres la frecuencia que se ajuste a tu estilo de vida y que te permita mantener constancia, ya que es la constancia la que te permitirá ver avances.

  • Siéntate de manera cómoda y adopta una postura digna, con tu columna recta y tus pies en contacto con el suelo. Los ojos pueden estar ligeramente abiertos con una mirada suave, o cerrados.
  • Toma aire tres o cuatro veces para que la mente y el cuerpo se asienten y vengan al momento presente.
  • Percibe las partes donde tu cuerpo está “en contacto” el contacto de los párpados, de los labios, de las manos, de los isquiones, de la parte posterior de las rodillas con la silla y de los pies contra el suelo.
  • Repite la secuencia y trata de encontrar un ritmo cómodo -presta atención al contacto de los párpados, de las rodillas, de los pies-. Observa estos puntos de contacto para tus adentros, si eso te ayuda a concentrarte.
  • Si te distraes, no hay problema, no te culpes -simplemente comienza otra vez.
  • Cuando estés preparado, respira profundamente, estírate, mueve los dedos de las manos y los pies, gira las muñecas y los tobillos, y abre los ojos si los tenias cerrados. Trata de prolongar esta atención focalizada a tu siguiente actividad.

(Pedulla, Pollak & Siegel, 2016)

Autores
PS. Joaquín Bustos, Psicólogo Clínico UAI
PS. Lía Hussein, Psicólogo Clínica UAI

Referencias

Céspedes, A. (2008). Educar las emociones para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.

García, L. & Saal, A. (2015). Entre la psicología y la filosofía de William James: emociones y creencias. En Quintanilla, P. & Viale, C. (Eds.) El pensamiento pragmatista en la actualidad: conocimiento, lenguaje, religión, estética y política. (pp. 109-123). Fondo Editorial.

Homan, K. J., & Tylka, T. L. (2015). Self-compassion moderates body comparison and appearance self-worth’s inverse relationships with body appreciation. Body Image, 15, 1–7.

Kabat-Zinn, J., González, L., & González, D. (2020). Vivir con plenitud las crisis. Barcelona: Kairós.

Reich, W. (2005). Análisis del carácter. Barcelona: Editorial Paidós.

Wasylkiw, L., MacKinnon, A. L., & MacLellan, A. M. (2012). Exploring the link between self-compassion and body image in university women. Body Image, 9(2), 236–245.

Pedulla, T. Pollak, S & Siegel, R. (2016). Sentarse juntos: habilidades esenciales para una psicoterapia basada en el mindfulness. Bilbao: Editorial Desclée De Brouwer.

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